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Ley educativa

Paren las máquinas

Por Andrés Alsina

Las reformas educativas que están sobre la mesa no me gustan, y el disgusto no tiene nada que ver con la política. Junto con alguna factura de impuestos me llegó un folleto del gobierno que explica los ejes de su propuesta. Se basa en el principio de crear comisiones y ámbitos de deliberación y participación, pero no pasa por discutir qué educación precisamos para un país que quiere ser así o asá, más allá de la retórica. La propuesta de ley del gobierno me recuerda la definición de camello: un dromedario hecho por una comisión. Tanto hablan que le sale una joroba de más.

El otro día escuché a Ignacio de Posadas definir qué harían ellos, los herreristas. Dijo que darle más poder a los directores de escuela. Muy bien puede ser que eso se precise pero eso no conforma una reforma educativa. Creo que de ambos lados se está errando el bizcochazo.

No se puede pensar una reforma educativa si no se determinó el rumbo productivo general del país. Más allá de otras consideraciones, no puede haber una educación separada de la economía y del proyecto de desarrollo, porque entonces se educa para la desocupación. Que el gobierno nombre a sus reformas como guía no alcanza, porque no definen más que expresiones de deseos y no proyectan un país real, que tenga que ver con las inversiones que se están produciendo, con cómo está definida la relación del país con el mercado mundial y cuáles son las políticas de Estado al respecto.

No se puede invocar una medida tal vez importante pero accesoria, como hace el herrerismo, en lugar de decir simplemente "no sé".

Porque eso es lo que pasa. No se sabe y es dudoso que se pueda saber. Se habla mucho de José Pedro Varela. Pero antes de él estuvo la Guerra Grande, que se saldó con la intención mancomunada de construir un país, y una intelectualidad que pasó por esa brillante familia de los Eduardo Acevedo y Acevedo Díaz, etcétera, que pensaron un país y le dieron estructura jurídica y conceptual. Luego, una generación después, Varela hizo lo que hizo porque había un señor Latorre, dictador él, que forjó al Estado. Y eso permitió que apareciera, otra generación después, a Batlle y Ordóñez, que no sólo logró el espacio político que supo darse sino que dispuso de las bases para hacer el país que tuvimos.

Por eso, cuando ahora hablan de reforma educativa me parece que lo único que hacen es nombrar lo políticamente correcto. Me gustaría tener políticos que supieran decir "no sé".

Publicado | 24/11/2008